Agradando a Dios
1.- Lee la palabra de Dios “Por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden; y los que viven según la carne no pueden agradar a Dios. Mas vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él.” ROMANOS 8:7-9 2.- Reflexiona Confiar en nuestra carne, en nuestra determinación y supuestas buenas intenciones para agradar a Dios, es dar un paso en falso. La Escritura en Romanos nos dice claramente que los designios, los pensamientos o las intenciones de nuestra naturaleza no quieren, pero tampoco pueden someterse a Dios. Si somos sinceros y nos hemos dado cuenta, hemos de reconocer que a nuestro cuerpo o a nuestra carne le gusta o le tienta en gran manera el pecado, y lo que realmente se hace diferente en cada persona es el tipo de obra que más le seduce, a unos la mentira, a otros la fornicación, la i...