Me es impuesta necesidad
“Pues si anuncio el evangelio, no tengo por qué gloriarme; porque me es impuesta necesidad; y ¡ay de mí si no anunciare el evangelio!”
“todos los llamados de mi nombre; para gloria mía los he creado, los formé y los hice”
El Padre nos creó para su gloria, pero en el pecado del Edén fuimos destituidos de la gloria de Dios, ¿y cómo el Padre nos vuelve a él? ¿cómo restaura el hecho que fuimos creados para su gloria? «. La respuesta es tremenda: Nos une a su Hijo: aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos) (Efesios 2:5).
En la nueva naturaleza que hemos recibido, esto es Cristo, Dios produce en nosotros el querer como el hacer por su buena voluntad, así que no podemos vivir sin predicar, porque es inherente a la vida nueva que se nos otorgó, se convierte en mi necesidad, porque hay una vida eterna que se está expresando en mí. (Filipenses 2:13)
1 Corintios 15:10 nos confirma que no es el obrar de Pablo, sino que le es impuesta necesidad, es una necesidad vital de anunciar el evangelio de Cristo “Pero por la gracia de Dios soy lo que soy; y su gracia no ha sido en vano para conmigo, antes he trabajado más que todos ellos; pero no yo, sino la gracia de Dios conmigo.”
Es Cristo mismo tomando como instrumento a Pablo: “El Señor le dijo: Ve, porque instrumento escogido me es éste, para llevar mi nombre en presencia de los gentiles, y de reyes, y de los hijos de Israel;” (Hechos 9:15). Es el respirar de la vida que late dentro de él, la vida del Hijo usando a Pablo como instrumento.
Entonces, si ya hemos creído en Jesús y hemos nacido de nuevo, debemos activar en nosotros la vida que nos habita, pero ¿cómo logramos que esto se haga una realidad e iniciemos a predicar el evangelio de manera efectiva y vital? Lo veremos mañana.
Padre, en Cristo está mi misión, mi propósito, anunciar las virtudes de aquel que nos llamó de la oscuridad a la luz verdadera, anunciar su amor y perdón a todo el que cree, para salvación de su alma, para gloria de tu nombre. Amén.





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