Tentaciones y dificultades
«Entonces le respondió Pedro, y dijo: Señor, si eres tú, manda que yo vaya a ti sobre las aguas. Y él dijo: Ven. Y descendiendo Pedro de la barca, andaba sobre las aguas para ir a Jesús. Pero al ver el fuerte viento, tuvo miedo; y comenzando a hundirse, dio voces, diciendo: ¡Señor, sálvame! Al momento Jesús, extendiendo la mano, asió de él, y le dijo: ¡Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste? Y cuando ellos subieron en la barca, se calmó el viento»
«Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado»
Todos los creyentes quisiéramos que la tentación desapareciera, que no pasáramos esa circunstancia difícil que nos presiona, que nos lleva al borde de nuestra resistencia. Pero justo allí aprendemos a reconocer nuestra condición, nuestra debilidad e incapacidad de resolver por nosotros mismos.
Sin embargo, Jesús lo rescata y le confronta: «¡Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste?»
La fe es confianza absoluta en la obra suficiente de Jesús, descansando en su soberanía y no en la manipulación de las circunstancias, o que estas desaparezcan. Es, al contrario, el vínculo de unión con Cristo, donde sabemos que él nos sostiene, no es una vara mágica para «crear», sino un ancla para «sostenernos» y un compás para «alinearnos» a la soberanía del Dios que ya nos ha dado Su victoria en la cruz del calvario; pues la fe en Cristo es nuestra victoria (1 Juan 5:4)
Resistir, continuar, aunque la realidad parezca terrible; esperar, clamar y sobre todo descansar, aunque la tormenta no pase aun, aunque la tentación esté allí a la puerta, pues como dice 1 Corintios 10:13: «No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar.»
Observemos, no nos dejará ser tentados más de lo que podemos resistir, pero también Dios nos dará la salida, para que podamos soportar; y quién sino Cristo resistió las tentaciones más tremendas y feroces, fue tentado en todo pero sin pecado, y experimentó las dificultades más terribles, aún la misma muerte, pero venció, Dios le levantó, y si lo levantó a él, también por la fe, nos levantará a nosotros, porque nos dio a Cristo mismo, así que como dice Hebreos 12:2a: «puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe…»
Padre, tú eres mi sustento y refugio, en ti confío en el mal tiempo y en el buen tiempo, espero en ti, dame fuerzas en Cristo Jesús para resistir la tentación y para glorificarte, ya que en mi debilidad no hallo solución, pero miro a la cruz y encuentro mi paz, mi aliento y el descanso para mi alma, por el poder de tu Espíritu. Amén




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