“Y nacieron a José dos hijos antes que viniese el primer año del hambre, los cuales le dio a luz Asenat, hija de Potifera sacerdote de On. Y llamó José el nombre del primogénito, Manasés; porque dijo: Dios me hizo olvidar todo mi trabajo, y toda la casa de mi padre. Y llamó el nombre del segundo, Efraín; porque dijo: Dios me hizo fructificar en la tierra de mi aflicción”.
“Y decían el uno al otro: Verdaderamente hemos pecado contra nuestro hermano, pues vimos la angustia de su alma cuando nos rogaba, y no le escuchamos; por eso ha venido sobre nosotros esta angustia”.
A veces pasamos por valles de lágrimas, son los valles de la formación del alma y un ejemplo de esto fue la vida de José. Durante 13 años comprendidos entre los 17 y los 30 pasó por muchas tribulaciones: despreciado por sus hermanos, arrojado a una cisterna, vendido como esclavo a otra nación e injustamente encarcelado; quizás se habría preguntado muchas veces: “¿Por qué Dios me permite sufrir de esta forma?”. Había experimentado rechazo, injusticia, decepción, sin embargo, su corazón era correcto, había permanecido con el Señor en medio de todas las pruebas. José había comenzado mal, pero su fe en Dios hizo que su vida concluyera bien. Esto es lo que realmente importa, no si estamos en un periodo de luchas o de bendición, sino que a pesar de todo lo que nos sucede permanezcamos cerca de Dios.
Los 13 años de esclavitud y encarcelamiento habían terminado. Hasta entonces había pasado por un entrenamiento particular, el impetuoso adolescente que una vez irritó a su familia había llegado a ser un hombre sabio e íntegro que terminó en un palacio, siendo el segundo al mando después del Faraón y lo más importante, lleno del Espíritu de Dios, Génesis 41:38. De este modo, José fue profeta y gobernador sabio, tuvo una visión divina del futuro y gobernó Egipto con el Espíritu de Dios, de manera que los países vecinos fueron librados de la hambruna de ese entonces.
Dios le permitió prosperar en Egipto y le concedió dos hijos a uno le llamó Manasés, que significaba ‘Dios ha hecho que me olvide de todos mis problemas’ y llamó el nombre del segundo Efraín, que significaba “Dios me ha hecho fecundo en esta tierra donde he sufrido”; el hilo conductor entre ambos nombres se resume en una frase: “DIOS ME HA HECHO”; con esto reconocía que el Señor siempre había tenido el control de su vida, con un propósito mayor que el que imaginaba.
Esto debe animarnos a seguir adelante a pesar de las pruebas, no importa dónde comencemos, podemos tener un gran final si estamos con Dios; no permitamos que nuestro corazón se amargue en momentos de sufrimiento, reconozcamos que Dios es soberano sobre nuestra vida y situación, además de que siempre tiene un propósito, aunque en ese momento no lo visualicemos.
A diferencia de José sus hermanos tuvieron que vivir muchos años atormentados por el engaño y la culpabilidad, por eso al reencontrarse con José estaban llenos de miedo. Con todo esto, los sueños originales de José se cumplieron a cabalidad; Dios permitió todo con el fin de que fuera un instrumento en sus manos para salvar miles de vidas en tiempos de escasez y hambruna. Todo comenzó mal, pero terminó bien, por eso no nos desanimemos, seamos fieles a Dios, confiemos en Él y Él hará, Salmos 37:5.
Dios aún puede levantarnos para hacer grandes cosas en nosotros y a través de nosotros. Nos ha llamado a calmar y saciar el hambre y la sed espiritual en este mundo, por eso gocémonos si estamos pasando por diversas pruebas, Dios está formando nuestro carácter para ser instrumentos de bendición para otros.
3.- Oración
Señor, ayúdame a llevar una vida de integridad y fe, a no desfallecer cuando pase por tribulaciones, sino que entienda que me estás formando para un propósito especial, quizás en este momento no alcance a verlo, pero confío en que eres Soberano y tienes el control de mi vida, y quizás un día pueda decir como Jacob: “Dios me ha hecho”, cuando esté dando testimonio a otros de tu obra en mí. En Cristo Jesús, amén.
1.- Lee la palabra de Dios “Puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios.” Hebreos 12:2 “Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas” Mateo 11:29 “Angustiado él, y afligido, no abrió su boca; como cordero fue llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca.” Isaías 53:7 2.- Reflexiona Jesús nos deja ver su fe, su mansedumbre y su templanza en todo lo que decía y hacía, cada palabra y cada acto suyo revelaban su creencia a Dios, su sumisión al Padre, su buena disposición para obedecerlo y su dominio propio para actuar en consecuencia. Ahora a nosotros los creyentes por medio de la comunión del Espíritu Santo se nos impulsa a tener fe, pues esta es una de las características que trae el fruto del Espíritu, y se ...
1.- Lee la palabra de Dios “Pues si anuncio el evangelio, no tengo por qué gloriarme; porque me es impuesta necesidad; y ¡ay de mí si no anunciare el evangelio!” 1 Corintios 9:16 “todos los llamados de mi nombre; para gloria mía los he creado, los formé y los hice” Isaías 43:7 2.- Reflexiona El Padre nos creó para su gloria, pero en el pecado del Edén fuimos destituidos de la gloria de Dios, ¿y cómo el Padre nos vuelve a él? ¿cómo restaura el hecho que fuimos creados para su gloria? «. La respuesta es tremenda: Nos une a su Hijo: aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos) ( Efesios 2:5 ). ¿Cómo accedemos a esta realidad eterna en Cristo? el medio que Dios preparó fue por medio de la predicación del evangelio, de las buenas nuevas que anuncian lo que Dios hizo de darnos a su Hijo y que todos los que creyéramos en él, fuésemos salvados y no hubiera condenación: “en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecad...
1.- Lee la palabra de Dios «Jesús le dijo: Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas? Ella, pensando que era el hortelano, le dijo: Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto, y yo lo llevaré. Jesús le dijo: ¡María! Volviéndose ella, le dijo: ¡Raboni! (que quiere decir, Maestro).» Juan 20:15-16 2.- Reflexiona Este relato es el ejemplo perfecto de lo que causa en nosotros la tristeza cuando nuestra mirada sólo está puesta en ella, y es que como a María, la tristeza nos ciega, no nos deja ver con claridad lo que Dios está haciendo o quiere hacer en nuestras vidas. Observemos que es tanto el llanto de aquella mujer que ni siquiera cuando Jesús le habla puede reconocerlo, es entonces cuando el Señor Jesús tiene que insistir en llamarla, pero ahora por su nombre, para que reaccione y salga de ese estado depresivo en el que se encuentra y a cambio pueda poner sus ojos en Él. Cuando María pone su mirada en Jesús, vemos que su llanto cesa, pues su enfoque ahora ya no está ...
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